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El corazón de una madre es un leve destello del corazón de Dios, el Señor en su infinito amor colocó ese destello en el corazón de ella para criar, amar y educar a sus hijos, enseñándoles el camino del bien.
En la Escritura se nos habla de Sara, una mujer hermosa que pasó toda su vida anhelando un hijo. Ella era estéril, pero habían recibido una promesa de parte de Dios que tendrían un hijo. A pesar de las presiones sociales de su tiempo en que la esterelidad de una mujer era considerada como un castigo de Dios, se mantuvo firme esperando en Dios, ya en su vejez cuando había cesado la costumbre de las mujeres pensó que daría su sierva a Abraham su esposo, para poder criar al hijo de su sierva. Error que le costó muy caro.
Esto no limitó la mano bondadosa del Señor quien visitó a Abraham y le dijo que en un año su esposa daría a luz el hijo que les había prometido. Sara que significa princesa tuvo la dicha de amamantar a su propio hijo en la vejez, lo recibió como un hermoso regalo del amor de Dios para ellos. Nuestro amado Dios es poderoso para hacer todas las cosas aún cuando parecen imposibles; si tan solo le podemos creer.
Las mujeres de la Biblia son un ejemplo para nuestras vidas. Siendo así veremos la historia de Ana. Ella fue una mujer con circunstancias muy difíciles, su esposo Elcana la amaba mucho, pero ella dice la Escritura, no podía quedar embarazada.
Según la costumbre de ese lugar su esposo podía tener otra esposa que le diera hijos. Y Así sucedió, Penina era el nombre de la otra mujer que la hostigaba constantemente por no poder tener hijos y Ana sufría mucho.
Un día, según la costumbre que tenían de ir al templo a adorar a Dios, derramó su alma delante de Dios y el sacerdote Elí pensó que estaba ebria, pues solo movía sus labios y lloraba, cuando le preguntó si estaba borracha, ella le contestó que era una mujer atribulada de espíritu y estaba pidiéndole a Dios un milagro para su vida, el sacerdote le dijo que fuera como ella había pedido a Dios.
Al cabo de un tiempo Dios le concedió el deseo de su corazón y dió a luz un varón al cual le puso por nombre Samuel. Ella en señal de agradecimiento a Dios por haber escuchado sus oraciones le ofreció a su hijo para que sirviera en el templo, y llegó a ser el profeta Samuel, Dios le dió a cambio más hijos y su vida fue felíz.
El corazón de una madre nunca se cansa de hacer el bien, perdona aún cuando la han ofendido y la han herido profundamente en su corazón. Ella es capáz de dar su vida en sacrificio por esos hijos que ama.
Querida amiga, si tu hogar está en crisis, o tus hijos se han apartado del camino del bien déjame decirte que con Cristo si hay esperanza de restauración, dobla tus rodillas y derrama tu alma delante del Trono de Dios, y ten la certeza de que Dios te escuchará y te responderá. “Clama a mí y Yo te responderé y te mostraré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jeremías 33:3)
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