Como Aprendí a Orar Por Los Incrédulos PDF Print E-mail
Written by Escuela De Evangelismo Verbo   

Este es un testimonio admirable que deberá ser de gran ayuda para los que lo lean.  Debido a que el testimonio es personal, la escritora pidió omitir su nombre.

 

La carta que acompaña a este testimonio, dice en parte: “Este es el resultado de mi búsqueda para encontrar la mejor manera de orar por los incrédulos.  He encontrado que obra asombrosos resultados a corto plazo.  Después de más de veinte años de orar sin obtener ningún fruto, parecía que no habría posibilidad alguna para que los que yo amaba se reconciliasen con la fe.  Pero después de unas cuantas semanas de orar en la forma que describo a través de este folleto, ahora los veo estudiando La Biblia durante horas y asistiendo fielmente a la iglesia.  Además, toda su actitud hacia el cristianismo ha cambiado y toda resistencia parece haber desaparecido.  Yo he tomado mi lugar de autoridad en Cristo y lo estoy usando en contra del enemigo.  No me pregunto si soy capaz o no, sólo he tomado mi lugar y le pido al Espíritu Santo que haga su trabajo de convicción.  ¡Si cada miembro del Cuerpo de Cristo hiciera lo mismo, qué cambio habría en este mundo¡”

 

Todos los creyentes tienen carga por los incrédulos o por los seres queridos que se han descarriado.  Sin embargo, muchos están orando con un espíritu de temor y ansiedad, en vez de estar orando con fe.

 

Esto me ha inspirado a buscar la luz que me muestre como orar, me hace sentir la necesidad de orar en la forma correcta y sentir también la necesidad de una promesa definitiva de la palabra de Dios, en la cual poder cimentar mi fe cuando oro por los incrédulos.  Gloria a Dios, El nunca falta en proporcionar esa ayuda.

 

Debido a que la salvación de algunos me parecía imposible, el primer versículo que me fue dado (Marcos 10:27) “Porque todas las cosas son posibles para Dios”.

 

El siguiente versículo que atrajo mi atención durante algún tiempo, pero que me dio un nuevo sentido fue (“Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas) derribando argumentos (especulaciones) y toda altivez que se levanta en contra de Dios, llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo (II Cor. 10:4-5).  Esto muestra el gran poder de nuestras armas espirituales.  Debemos orar porque todo esto se cumpla en aquellos por quienes sentimos carga, y que las obras del enemigo sean derribadas.

 

Finalmente encontré un cimiento firme para mis oraciones, la redención.  En realidad, la redención de Cristo, compró la humanidad para que todos seamos posesión de Dios, aunque todavía estamos bajo la influencia del enemigo.  Debemos, a través de la oración de fe, clamar a Dios en el nombre de Jesucristo, reclamando aquello que por derecho le pertenece.  Esto podemos hacerlo, sólo si estamos cimentados en la redención.  Esto no quiere decir que ya que todas las personas han sido compradas por Dios, a través de la redención, serán automáticamente salvas.  Ellos deben creer aceptar el Evangelio por si mismos; nuestra intercesión les facilita el hacerlo.

 

Orar en el nombre del Señor Jesús es pedir o reclamar las cosas que la sangre de Jesús compró.  Por lo tanto, cada individuo por quien se está orando, debe ser reclamado por nombre, como una posesión adquirida por Dios, en el nombre del Señor Jesús y en la base del derramamiento de su sangre.

 

Debemos clamar para derribar toda obra de Satanás como: falsas doctrinas, incredulidad, enseñanzas de ateísmo y de odio, que el enemigo pudo haber depositado en sus pensamientos.  Debemos orar por que sus pensamientos sean llevados cautivos a la obediencia de Cristo.

 

Con la autoridad que nos da el nombre del Señor Jesucristo, debemos clamar porque sean liberados del poder y persuasión del enemigo y porque se alejen del amor al mundo y de los deseos de la carne.  Debemos también pedir porque sus conciencias tengan convicción de que Dios los puede llevar al punto de arrepentimiento y que puedan escuchar y creer la Palabra de Dios.  Nuestra oración debe ser que la voluntad y el propósito de Dios sean cumplidos en y a través de ellos.

 

La intercesión debe ser persistente, no para persuadir a Dios, ya que la redención viene de El, sino por causa del enemigo.  Nuestra oración y resistencia son contra principados, contra potestades, contra  gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Es nuestra responsabilidad ante Dios luchar por las almas por quienes Cristo murió.  Así como algunos deben predicarles las buenas nuevas de salvación, otros deben luchar contra las potestades de oscuridad a través de la oración.

 

Satanás cede la victoria solamente cuando se le obliga a doblegarse, pero renueva sus ataques de manera muy sutil.  Por lo tanto, la oración debe ser específica y persistente, aún después de que se han visto buenos resultados.  Debemos orar por el recién convertido, aún después de que él principie a establecerse en la fe.

 

Encontraremos que mientras oramos, el Espíritu Santo nos dará nuevas perspectivas.  En una ocasión, yo estaba intercediendo por una persona pero sentí que mis oraciones no eran efectivas.  Entonces sentí que el Espíritu Santo me estaba inspirando para que presentase a esa persona ante Dios en el nombre del Señor Jesucristo.

 

Al obedecer su guianza, orando dije:”Te entrego a tal y tal en el nombre del Señor Jesús”.  Sentí que mis oraciones se estaban volviendo más efectivas.  Parecía que yo estaba arrancando a esa persona de un abismo en dominio del enemigo.  Entonces, como usualmente lo hacía, la reclamé en su totalidad para Cristo, usando el poder de la Sangre de Cristo en contra del enemigo.  Esta es la verdadera batalla en el reino espiritual.  Gracias a Dios que nuestras armas espirituales son poderosas y que nuestra autoridad en Cristo es superior que toda la autoridad de los gobernadores, potestades y fuerzas de oscuridad.  Con este poder, el enemigo tiene que ceder.  Pero esto requiere de fe, persistencia y paciencia.

 

Misioneros en el extranjero y en su propio campo, pueden resistir al enemigo en sus distritos, comunidades y escuelas usando el poder de la Sangre de Jesús contra las potestades de oscuridad, pecado e incredulidad.  Con la autoridad que el nombre del Señor Jesús pueden obligar al enemigo a retirarse.

 

Estemos conscientes que: “El espíritu es el que da  vida, la carne para nada aprovecha”. (Juan 6:63), y que “La letra mata, más el espíritu vivifica” ( II Cor. 3:6).  Debido a esto, debemos procurar la motivación del Espíritu Santo en nuestros corazones, en nuestra fe, en nuestra oración y en nuestro testimonio.  Es aún más importante que confesemos nuestros pecados y que recibamos perdón.  El enemigo va a emplear cualquier medio posible para callar nuestra intercesión y bloquear nuestro ataque en su contra.  No solamente debemos conocer al enemigo, o la autoridad que tenemos en Cristo, o saber utilizar nuestras armas espirituales, sino también aprender a vestir la armadura que Dios ha provisto para nuestra protección.  De esta manera, equipados y protegidos, no debemos tener ningún temor.  Pero siempre recordemos que no tenemos ningún otro poder ni autoridad que la que tenemos en Cristo Jesús.

 

“Más a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús” (II Cor. 2:14) “Porque mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo”. (I Juan 4:4).